martes, 30 de junio de 2015

El rayo verde


Hablaba un profesor de la Universidad de Harvard de las claves para encontrar la felicidad. Una se pregunta si no nos estaremos volviendo seres extraños en un mundo disparatado. Yo, al menos, tengo la sensación , a veces, de estar rodando cuesta abajo sin saber muy bien por qué. Un amigo náufrago vino a mi isla en busca de auxilio, donde yo creí estar a salvo de mis fantasmas. Se percibía perfectamente en el fondo el mar el pecio de la felicidad de mi desvalido amigo hecho trizas y envuelto en esa nebulosa azul con la que el mar da cobijo a las cosas que engulle en su inmensa garganta oceánica. Dar consejos resulta muy fácil cuando uno está curtido en experiencias marinas, pero muy complejo cuando el náufrago es uno mismo. La felicidad empieza por ser capaz de erigirse en rescatador de nuestro propio desamparo. No hace falta encontrar las claves para levantar los pilares del edificio de nuestra armonía en ninguna prestigiosa universidad. Mucha gente sencilla es capaz de sostener entre sus manos la felicidad con la clave que aporta la vida: que es el sentido común. No hace falta esperar el milagro del rayo verde al que se refería Julio Cortázar en su relato Un sueño realizado para darnos cuenta de que todo está en nosotros. Es verdad, no hacen falta pócimas milagrosas, pero sí mucho amor propio, esfuerzo y valentía para descubrir que esas anheladas claves mágicas no están en los libros de investigación sino mucho más cerca de lo que podamos imaginar. Ahora bien, yo me apunto la primera a hacer la tarea.

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